Sexualidad y Trauma
Sexualidad y Trauma
Hay muchos motivos por los que pueden producirse dificultades con la sexualidad, y en este post queremos hablar de uno de ellos: se trata de la vivencia de situaciones traumáticas del pasado, que han dejado una huella en nuestra mente y en nuestro cuerpo, y nos impiden o dificultan vivir plenamente la sexualidad y/o los vínculos afectivos.
¿Tener problemas sexuales es sinónimo de trauma?
evidentemente, no todas las dificultades o problemas sexuales tienen que ver con la vivencia de traumas, pero en algunas ocasiones, sí que son las situaciones traumáticas pasadas las culpables de los problemas sexuales o relacionales que se viven en el presente.
¿Qué entendemos por trauma?
La idea de trauma con la que trabajamos en nuestro centro no se refiere solamente a situaciones muy graves (accidentes, enfermedades graves, muerte de personas cercanas, sufrir agresiones…). Evidentemente, las situaciones descritas en el párrafo anterior pueden ser constitutivas de un trauma, y dejar una huella negativa en nuestra vida que a veces cuesta superar, y que en ocasiones requiere apoyo terapéutico.
Pero por trauma también entendemos las experiencias negativas que hemos sufrido en nuestra vida, a veces cotidianas, a veces aparentemente poco graves, pero que han dejado un impacto negativo a pesar de haber sucedido en ocasiones hace mucho tiempo. Por ejemplo, las críticas de un padre o una madre muy estrictos (aunque las hicieran sin mala intención), los comentarios negativos de otras niñas o niños del colegio sobre nuestro físico, una cuidadora o una profesora muy exigente, las primeras experiencias ligando o con alguien que nos gustaba y que no fueron muy positivas, relaciones de pareja muy tóxicas… pueden dejarnos también una mochila negativa que a veces se manifiesta en la vida sexual y/o relacional de la persona, igual que en otras áreas de la vida.
Ciertas experiencias de bullying, de rechazo social, de aislamiento, relaciones de pareja que, sin llegar a ser abusivas, pueden haber resultado muy dolorosas para la persona, también pueden tener este efecto.
También las primeras experiencias con la sexualidad, aunque no sean abusivas o agresivas, si fueron vividas de forma muy negativa y constituyeron experiencias desagradables, muy decepcionantes o muy poco satisfactorias, pueden dejar un impacto en la posterior vida sexual.
En la sexualidad, a veces el pasado está demasiado presente.
Algunas de estas situaciones adversas que hemos vivido y nos siguen marcando, están relacionadas con la sexualidad (sufrir un abuso sexual, acoso, violación o agresión sexual, vínculos de pareja dañinos…), e impactan directamente en la vida sexual presente.
Pero otras situaciones del pasado remoto o reciente, pueden no estar aparentemente relacionadas con la sexualidad, y sin embargo, causar un impacto considerable en la vida erótica y de pareja. Por ejemplo, una crisis personal importante, una pérdida de un ser querido, una enfermedad, o problemas económicos serios… o las vivencias cotidianas más remotas que hemos comentado anteriormente (compañeros del colegio que hacían burlas sobre nuestro físico, madres o padres muy críticos o exigentes, la vivencia de conflictos familiares en la infancia…). También estas situaciones pueden tener un impacto en las relaciones afectivas y las relaciones sexuales en el futuro.
Lo importante es cómo nos afectaron estas situaciones adversas. Hay vivencias que no parecen tan graves, pero que han dejado una huella problemática en la vida de la persona.
Los traumas sexuales graves (abusos, violaciones…) es bastante frecuente que correlacionen con dificultades sexuales posteriores. Aquí la mayoría de las personas suelen establecer una conexión consciente entre la situación traumática y los problemas sexuales posteriores, que, además en muchos casos, la persona siente que marcaron un antes y un después.
Sin embargo, a veces lo que causa problemas sexuales son otro tipo de sucesos traumáticos que no tienen relación (aparente) con la sexualidad. Esto suele desconcertar a la persona, que no comprende por qué sufre dificultades sexuales si no ha experimentado ninguna situación traumática en relación con la sexualidad. Pero en ocasiones, las conexiones que realiza la mente no siguen los caminos habituales de la lógica consciente.
Lo que no pasó y debería haber pasado:
A veces, lo que nos marca negativamente, no son las cosas que sucedieron (y no deberían haber pasado), sino las cosas que no sucedieron y deberían haber sucedido.
Por ejemplo, esos comentarios positivos en la infancia que fueron escasos, el reconocimiento de nuestras cualidades positivas por parte de nuestros cuidadores que no se dio o en raras ocasiones, el apoyo familiar para reconocer y expresar nuestras emociones que faltó o fue escaso, la ausencia de contacto físico frecuente (mimos, caricias, arrumacos, abrazos, besos… que nos educan en el lenguaje de la intimidad), la sensación de ser una personita querida, valorada e importante por parte de nuestros primeros vínculos familiares, la sensación de ser tenida en cuenta y atendida en sus necesidades…
A veces la persona no tiene recuerdos de su infancia o su pasado que considere traumáticos o negativos, pero puede suceder que hubiera carencias importantes en todo lo mencionado en el párrafo anterior, y esto también deja su huella en la vida sexual y en la capacidad para establecer un apego seguro en el futuro y vincularnos de forma positiva y satisfactoria.
Las situaciones adversas y lo que la persona piensa de sí misma.
En ocasiones, algunas experiencias adversas pueden generar creencias negativas que afectan a la imagen corporal, y a la autoestima, creando altos niveles de insatisfacción con une misme o una autoexigencia exagerada.
Y, de forma involuntaria, y a veces sin darnos cuenta, podemos encontrarnos en situaciones sociales, o de intimidad sexual o afectiva, con ciertos pensamientos automáticos en nuestra cabeza:
“no valgo nada”
“no le voy a gustar”
“no soy suficiente”
“me va a abandonar”
“soy un desastre”
“nadie me va a querer”
“va a pensar que soy una persona rara”
“me van a rechazar”
“no importo”
A veces somos perfectamente conscientes de que alguna de estas ideas ha cruzado por nuestra cabeza, y nos afecta. Pero puede también que algunos de estos pensamientos nos pasen desapercibidos.
Para detectar posibles creencias negativas, podemos prestar atención a lo que nos dice nuestro cuerpo, y a nuestras sensaciones, a si de repente sentimos que se nos encoge el estómago, que hay una sensación de opresión en el pecho, que sentimos rigidez… en estos momentos, ¿Qué hemos pensado? ¿hay alguna idea negativa sobre nosotres mismes que haya pasado por nuestra cabeza? En caso afirmativo, ¿Cuál sería esa idea?
Podemos tomarnos unos minutos para examinarlo despacio, de cara a tomar conciencia de nuestros procesos mentales.
Si hemos identificado alguna de estas ideas y se presentan más de lo que sería deseable en situaciones de intimidad sexual o afectiva, o con nuestros vínculos íntimos, tal vez debamos trabajar sobre las mismas para evitar que estas creencias negativas, que frecuentemente son erróneas, nos sigan marcando el camino.
Y si hay experiencias negativas que consideras que están influyendo negativamente en tu vida sexual y afectiva en la actualidad, y condicionando negativamente tu futuro, te animamos a trabajarlas en nuestro centro con sexólogas y psicólogas expertas en sexología, trauma, Tantra y apego